martes 13 de marzo de 2012

Comienza la temporada de viajes

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Y creí que no iba a llegar nunca.

Esto es lo bueno de los viajes, que una comienza a planearlos y ya siente que está más en el lugar elegido que en casa.

Nuestra primera escapada será a la provincia de Ávila, allá por Arenas de San Pedro, aunque no me hospedaré precisamente en Arenas, sino en Pedro Bernardo, un pueblo cercano. Me gustan esos pueblecitos callados, tranquilos, serranos. Tienen todos los ingredientes que voy buscando cuando decido visitar el interior del país: lindos paisajes, buena comida, mejor aire y paz.

Después le tocará el turno a la provincia de Segovia: Pedraza y La Granja de San Ildefonso. Un día que promete ser de lo más relajante junto a un grupo de personas - mis amigos de fotografía - que, al menos tienen, igual que yo - aunque coincidimos en muchas más cosas - la inquietud de viajar.

Y casi sin darme tiempo a descansar me marcharé a tierras lusas, al sur, al Algarve. Tenía muchas ganas de visitar la zona. Ya estuve en Faro hace años, pero quiero volver a recorrer todos aquellos caminos, disfrutar de sus villas de pescadores, sentir la brisa del mar... porque ya no me acuerdo de casi nada.

Qué bello es vivir, y qué bello es viajar, solo o en compañía, pero si se hace en buena compañía, mejor que mejor.

Las fotos que forman el collage son de uno de nuestros últimos viajes a Francia, junto a mi hija, Rebeca.

Viajar, qué hermoso es viajar...


jueves 8 de marzo de 2012

Las mujeres, ayer y hoy

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Quizá porque siempre recordaré a mi abuela paterna cosiendo bajo la parra, en verano, en aquel patio lleno de hilachas, trozos de tela, figurines, del ruido de la máquina de coser, de voces de chiquillos, de geranios y violetas; posiblemente porque desde muy niña me veo, ya sea en el colegio, ya en casa, bordando pañuelos y trocitos de tela, para que seas, el día de mañana, una mujer de tu casa, y estar recogida y no zanganeando por esas calles de Dios, donde no se aprende nada bueno... Y, por supuesto, porque una ha sido madrecita de muchas muñecas a las que había que vestir

Por eso y por muchas otras cosas decidí esta tarde fotografiar los carretes de hilos de colores, las tijeras, los libros de costura, los botones... para ilustrar una de mis aficiones, y mientras lo hacía,  pensaba en la vida que llevaron mis abuelas, y en la que llevo yo.

La existencia de mis abuelas se reducía a su familia y, en el caso de mi abuela cordobesa, también a su trabajo como modista. Ningún camino de rosas para ambas. ¿Soñarían ellas con un mundo distinto, una vida diferente? ¿Se lo planteaban siquiera? Creo que no. Y de hacerlo, se sentirían muy culpables, estoy segura. Mujeres anónimas, mujeres fuertes, que han ido conformando nuestra sociedad sin que se las tuviera demasiado en cuenta. Hoy hemos avanzado bastante, en esta porción del mundo donde hemos tenido la fortuna de nacer, pero aún queda mucho por recorrer, tanto aquí mismo, como por esas culturas donde se les dice a los hombres cómo castigar a la mujer sin que haya huesos rotos ni derramamiento de sangre. ¡Qué vergüenza!

Recuerdo un texto de Eduardo Galeano que trata sobre Benjamín Franklin y su hermana. Él tuvo todas las facilidades del mundo para estudiar, investigar, salir, entrar, hacer y deshacer. Consiguió lo que se propuso. Fue admirado y su nombre ha quedado para la posteridad.

A su hermana la casaron cuando aún era una adolescente. En cuestión de unos años tuvo ocho hijos. No tuvo acceso a estudios como su hermano, no podía decidir si quería tener más hijos o no, debía aguantar las malas caras, las torpezas, las palizas y las borracheras de su esposo y hacerlo, además, con resignación cristiana.   

Benjamín Franklin tenía metas y sueños que cumplir. Era un hombre con todas las ventajas de las que gozaban los hombres de su tiempo.

Su hermana... ¿cómo se llamaba su hermana? Nadie lo recuerda, pero seguramente ella tan sólo soñaba con algo de tiempo para sí misma, un poco de silencio, para descansar, para no volverse loca.  


martes 6 de marzo de 2012

Nunca te acostarás sin saber una cosa más

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Y yo, ya ven qué cosas, esta noche me voy a la cama habiendo aprendido a poner cuatro fotos (o las que quiera), en una sola. 

He preguntado en mis grupos cómo hacer lo que ya he hecho, pero no ha hecho falta que me contesten porque me he dedicado a investigar y lo he averiguado yo solita. Seguro que me dirán que era facilísimo, pero yo no sabía cómo hacerlo y ahora sí. 

Así pues, esta mañana he jugado con la cámara y la lente macro, he sacado cien mil fotos a los dulces, mis barras de labios, mis plumas y unas piñas que tenía por ahí escondidas, y esta tarde, a ratitos, he ido organizando las que quería y las que debía desechar. 

Ahora he hecho este mosaico que aquí dejo y ya cierro el día, que son las diez y mañana hay que levantarse temprano e ir a trabajar.



domingo 4 de marzo de 2012

Una velada de cumpleaños

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Nuestro grupo de fotografía se llama Simplemente Dulcinea. Es un nombre que surgió en uno de nuestros viajes a Consuegra, en la provincia de Toledo. Desde entonces - y desde antes - nuestras reuniones, celebraciones y viajes son una constante.



El sábado teníamos una cita con todos ellos. A las 9 de la noche llegarían a casa para celebrar, aunque con cierto retraso, dos cumpleaños, el de Nadia - 2 años - y de Arancha - treintaypocos - pero ya se sabe que poner de acuerdo a 9 personas no es fácil y siempre nos ocurre lo mismo con las agendas: cuando unos pueden, otros no.



La velada transcurrió como era de esperar, divertida, chispeante, agradable, con entrega de postales hechas por mí y los regalos comprados por Cruz y Pilar, que pagaríamos entre todos. La pena ha sido que no me di cuenta de fotografiar las tarjetas, como suelo hacer antes de entregarlas a firmar al grupo. Y es una lástima porque la felicitación de Nadia era una monada ya que le hice un cuento de varias páginas con texto y muchos dibujos de Mickey Mouse, que es su favorito.



A partir de las 7 de la tarde comenzamos a preparar las bandejas con la cena. Dejamos para el final los huevos fritos de codorniz, para que no se enfriaran demasiado. Mari Carmen González preparó en su casa un gazpacho caliente, con mahonesa, patatas y clara de huevo troceadas - según nos dijo, originario de Málaga - que estaba riquísimo.



La cena duró hasta las 11 de la noche. Entregamos los regalos de Nadia y la dejamos que se durmiera. A continuación nos tomamos la tarta que había hecho y traído Noemí y le dimos sus regalos a Arancha. Casi a medianoche recogimos la mesa y nos pusimos a jugar con un juego de mesa de Arancha. Jugando nos dieron más de la 1 de la madrugada.



Antes de que se marcharan, hacia las 1:30 de la mañana, fijamos un día de abril para irnos a Pedraza y La Granja, en Segovia, a pasar el día y hacer fotos. También quedamos en que reactivaríamos el blog Simplemente Dulcinea, que lo teníamos muy parado, subiendo al menos una foto cada mes, según un tema determinado, para obligarnos a jugar con la cámara. Este mes de marzo, el tema lo he propuesto yo.

Y así terminó una velada que comenzó hacia las 9 de la noche y terminó a las 1:30, aunque yo no me marché a la cama, recogiendo y ordenando todo, hasta cerca de las 3 de la madrugada. No importó, me lo había pasado muy bien con todos ellos y, algo muy importante, teníamos una fecha de salida de viaje y un compromiso para hacer fotos. Fue, pues, una noche redonda.


viernes 2 de marzo de 2012

Si quieres trabajar en Noruega, aprende noruego.


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Luna llena, prisionera entre las cuerdas de un velero. En el puerto de Oslo.


Un cubo que descansa colgado de la madera de una cabaña de un bosque noruego, esperando ser de utilidad en algún momento.



Y unos niños noruegos, de principios del siglo XX, mirando curiosos a la cámara del fotógrafo que les inmortalizó, en aquel camino polvoriento, en algún lugar de una Noruega con tan bellos paisajes como pobres eran sus habitantes.

Ahora no, ahora todos son ricos, gracias al petróleo. Y son tan poquitos, apenas 5 millones, que no sólo son pudientes sino que además tienen un país de cuento de hadas. Les sobra un poco de frío, para mi gusto, pero creo que muchos hasta perdonarían eso con tal de hacerse un hueco en esa próspera sociedad.

Dicen que en Noruega hay trabajo para todo el que quiera ir, pero eso sí, tienen que saber noruego. Dicen, igualmente, que hay muchos españoles que se marchan a Noruega a ver qué sale, sin saber el idioma, sin conocer apenas el inglés, o desconociéndolo completamente, sin dinero, sin contrato... Y dicen que se les ve por las calles muertos de frío y de asco, sin un techo para cobijarse.

Lo dicen y me apena escucharlo pero algo de verdad debe haber porque cuando estuve allí, el verano pasado, encontré a algunos españoles que sin saber noruego y manejándose con apenas dos palabras de inglés, se habían marchado a ver qué salía, y sobrevivían... como podían, claro. 

Y al darme cuenta de todo eso, me viene a la mente de nuevo la emigración española a Alemanía y Francia, de los 60, esa que ya todos creíamos olvidada en un estante oscuro de nuestra historia. Y recuerdo ese mirar por encima del hombro a tantos emigrantes que llegaron a España en los años 80 y 90, de todas partes. Éramos ricos, ya ve usted, y nos quejábamos de tanto polaco, rumano, ruso, africano, sudamericano, inundando nuestras ciudades. 

¿Volvemos a lo mismo, pues? ¿Volvemos a ser un país empobrecido y de emigrantes? No estoy muy segura. Desde luego no hay esa salida masiva que ocurrió entonces, en los 60, pero lo que sí es seguro es que se nos están marchando nuestros jóvenes, los más preparados, los que ya saben inglés, francés, alemán, y tienen carreras terminadas. Esos que aquí contratan por una miseria, por ejemplo, para cargar cajas en almacenes siendo ingenieros. Y es una pena que esto esté sucediendo y espero que nuestros gobernantes se den cuenta de todo lo que eso implica  y le pongan remedio.

Sea como fuere, por lo que estoy viendo ahora, España los forma y después se desentiende de ellos, les da la patada, y los manda por Europa, o a Estados Unidos, o Australia, para que se beneficien ellos, que nosotros parece ser que estamos sobrados y no les necesitamos.