domingo, 25 de septiembre de 2016

Haciendo otoño

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El final de septiembre se avecina. Lo dice el calendario, y lo dice el fresco que hay dentro de casa, el cual se agradece infinito. Ya no hace falta aire acondicionado, tan sólo abrir las ventanas y dejar que la brisa juegue con los visillos, que se divierta investigando por los rincones o detrás de los muebles.

Poco a poco los árboles van cambiando el tono de su vestido aunque en mi pequeño jardín aún hay rosas y las madreselvas despiertan cada mañana con sus bellos colores, pero los verdes rabiosos de la primavera se van volviendo dorados, rojizos y marrones. Las hojas, cansadas de tanto bailar al son del viento, comienzan a desmayarse y caer, dejando los suelos alfombrados de oro. Estamos en otoño, aunque el sol aún se empeñe en decirnos que todavía se acuerda del verano y de sus estridencias, pero pronto pasará y será el frío y los días grises los que se acurruquen contra los cristales. 

Otoño va llegando pausado, a ráfagas de lluvia o de viento, las hojas arremolinadas contra las puertas y las esquinas. Y yo, para conservar esos bellos tonos, los fotografío y los aireo, no sea que se apolillen dentro de la cámara o en el archivo del ordenador.

Tengo tantos proyectos y tantas cosas por hacer que a veces me bloqueo y no hago nada. Bueno, no es cierto, siempre hago algo porque en última instancia tomo mis libros de inglés o de francés y leo, leo y leo. O veo vídeos de fotografía, inspiradores y estupendos, que me enseñan trucos y cosas en las que nunca había pensado. A falta de un buen profesor fotógrafo que nos oriente vienen bien ese tipo de enseñanza. Después, a fuerza de ensayo y error uno va aprendiendo.

Otoño está aquí, lo saludo cada mañana al despertar, así pues hay que disfrutarlo todo lo que se pueda. 

Es lo que pienso hacer yo. 

Mari Carmen