jueves, 23 de marzo de 2017

Como copos de algodón

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No es habitual que nieve en esta ciudad pero, de tanto en tanto, esa maravilla sucede. Durante un par de horas, ha sido como encontrarnos en un lugar desconocido, en El País de la Fantasía. O en el de La Magia. Tal es el embrujo que tiene una buena nevada.


Nevaba, primero con copitos diminutos acunados por una leve brisa. Después, la cortina blanca se espesó y los copos, grandes como trozos de algodón, se arremolinaban, danzaban, entremezclándose unos con otros. Era un espectáculo de una belleza inigualable. 



Al poco tiempo los copos volvieron a ser diminutos hasta no caer ni uno más. A continuación el sol apareció y borró la nieve de un plumazo, pero mientras nevaba, el paisaje, aunque sólo fueran patios, plazas y calles, fue esplendoroso, casi desconocido.


Me ha gustado mucho observar cómo los copos se acurrucaban en mis ventanas, buscando protección. Mariposas blancas con sus alas quebradas, apoyándose en los muros, en las ramas de los árboles, en las hojas recién nacidas y sobre la tierra embarrada.




Si los copos pensaban que iban a durar para siempre, me temo que poco les ha durado el gozo. 



Ahora ya sólo son el recuerdo de unos momentos sin igual, de unos minutos durante los cuales pensamos que tanta belleza era un verdadero regalo para nuestros sentidos.



Las nubes oscuras se marcharon y quizá ya no nieve más hasta el invierno próximo cuando, el tiempo, si tiene a bien ser generoso, nos ofrecerá más milagros blancos como este. 



Terminó de nevar, pues, pero en mis fotos continuará nevando para siempre. Ese, sin duda alguna, es otra clase de milagro. Y maravilloso.

Mari Carmen