lunes, 29 de agosto de 2016

Un corto viaje a La Cerdanya

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Hemos pasado dos días en La Cerdanya, concretamente en Riu de Cerdanya, un tranquilo y hermoso pueblo rodeado de montaña, muy cerca de Puigcerdá, en Cataluña. La ida y la vuelta han sido muy pesadas: demasiadas horas en coche. El calor, aunque en el interior del vehículo tuviéramos aire acondicionado, se hacía notar a través de los cristales. El verano cada vez me resulta más antipático porque me toca vivirlo en un lugar donde las tardes y las noches son igual de pegajosas y asfixiantes que los días. 

Pero en Riu, aunque durante el día el sol calienta, las tardes son fresquitas y las noches una maravilla para el buen descanso.

Dos días no dan para mucho, es cierto. Dan, sobre todo, para estar con la familia y disfrutar de las pequeñas. La mayor de mis sobrinas, a regañadientes, se ofreció a posar con uno de sus muñequitos. Victoria cumplía años y es una princesa pelirroja preciosa. Conseguí la imagen que dejo en esta entrada y poco más porque no le gusta nada que le hagan fotos.

En ese tiempo que anduvimos por allá, pude hacer fotos en el campo de golf de Fontanals de Cerdanya, también en Riu y alguna más en Puigcerdá. 

Como ya es habitual en nosotros, pasamos a Francia, a Bourg-Madame, para comprar libros y revistas en francés. No es que no compre libros en francés en Madrid, claro que los compro, pero me da un gusto especial comprar libros en francés en Francia. Compré cinco y estoy encantada con ellos.

El momento mágico del viaje vino una noche, cuando subimos a la montaña con nuestros sobrinos para ver y fotografiar el cielo. Hacía años, muchos años, que no veía tantas estrellas juntas, ni a la Vía Láctea tan hermosa. El cielo era un joyero lleno de diamantes. Tampoco había visto tantos aviones cruzando el firmamento en tan poco espacio de tiempo. La hora que estuvimos allá, mirando las luces del cielo y las del pueblo en la lejanía, conforman unas imágenes que son difíciles de olvidar.

Y es que en nuestras grandes ciudades, con tantas luces, tanto oropel y purpurina, nos olvidamos que tenemos estrellas en el cielo, y por mucho que nos esforcemos en pensar que somos muy importantes, mirando hacia arriba nos damos cuenta de que somos muy pequeños, tremendamente insignificantes, casi nada. 

La Cerdanya, pues, es ideal para disfrutar de sus días soleados, de sus paisajes, su montaña, sus pueblos, que tienen tanto encanto, de su buena comida, de las noches veraniegas agradables y de sus cielos serenos, sembrados de estrellas.


Mari Carmen