Pintura de Nel Jansen-Mira, confitura de cebolla...
-Pero no me gusta la cebolla...
-Esta te gustará.
Categórica. Así era la tía Eulalia. Imposible llevarle la contraria. Nos decía que para prepararla debía usarse la cebolla con el sabor más suave, cortada muy finita, y rehogada, para que perdiera la rudeza de su olor. Realmente estaba muy sabrosa aquella confitura con la carne de pollo, de pavo e incluso con la de codorniz.
Eulalia había tenido un novio que murió de tifus. Su ajuar quedó encerrado en dos baúles. Colchas, sábanas, mantelerías, toallas... Todo primorosamente bordado y perfumado con ramitas de espliego. Nunca quiso casarse aunque tuvo varios pretendientes. Tenía buena mano con los dulces, las jaleas, los almíbares, y a ello se dedicó. A eso y a cuidar de su madre enferma.
Solía comer naranjas con aceite y sal. Troceaba delicadamente los gajos, les añadía aceite de oliva, espolvoreaba con sal y lo tomaba con parsimonia, cerrando los ojos como para no perder ni una sola nota de sabor...

Pintura de Qiang Huang
-Corta bien la piel, es importante.
Y me quitaba de las manos el cuchillo y la naranja. Yo me acercaba a ella y la dejaba hacer. Aquella confitura sí que me gustaba. Y me encantaba el olor, la fragancia que me salpicaba y penetraba por mis fosas nasales mientras la hoja afilada se hundía lentamente en la piel. Aquellos efluvios me transportaban, inmediatamente, a la cocina de mi madre, a las mondas puestas sobre la placa de hierro ardiente, al bienestar que me invadía mientras un aroma primaveral se extendía por nuestra casa.

Pintura de Nel Jansen
Cuando murió la madre sus hermanas la convencieron para que siguiera experimentando con las confituras y tanto éxito tuvo que las señoras ricas hacían pedidos durante todo el año, lo cual a Eulalia le venía muy bien para su humilde economía.
-Niña, la confitura de tomate combina bien con las empanadas de atún y con el queso curado...
Pero la confitura de tomate tampoco me agradaba demasiado. Yo la encontraba algo ácida y mi paladar se rebelaba. La de ciruelas sí la tomaba con satisfacción. La de albaricoque y melocotón, también. Su color verdoso o anaranjado, su textura untuosa, su sabor tranquilizante, me eran tan queridos que rara era la tarde que no me preparaba una buena rebanada de pan de cereales y la decoraba con una gruesa capa de aquella pasta dulce y nutritiva.
A la confitura de ciruelas, el día que la usaba acompañando la carne de pato, solía añadirle canela, clavo, cayena, unos granos de pimienta negra... Yo le iba pasando las especias pero antes las tomaba entre mis dedos, me las acercaba a la nariz, las aspiraba cerrando los ojos, dejándome invadir por su esencia, notando como mi cerebro se embriagaba con aquellas emanaciones y era imposible, casi inevitable no volar lejos, muy lejos, persiguiendo callejuelas, zocos, mercados, caminos exóticos...
Su cocina, su despensa, ella misma, olía a laurel, tomillo, romero, albahaca, menta y perejil.
Tenía una frase para cada hierba aromática, para cada especia. Y nos las recitaba como si rezara para sí misma.

Pintura de Nel Jansen
El laurel nació con el primer rayo de luz, tan suave y tan dulce que con sólo dos hojas puestas en remojo la noche de San Juan es suficiente para hacer que perdure el amor de un buen galán.
El clavo, el anís y la canela, perfuman el paladar, regocijan el estómago y llenan de bienestar.
La menta no es más que el fresco aliento de los ángeles que se extiende entre nosotros cuando bajan desde el cielo hasta la tierra.
La pimienta, azafrán y la cayena, adornan el buen guiso en la cazuela.
El perejil que florece bajo el limonero, sirve para aderezar el cariño del hombre que quiero.
El estragón y el comino, hacen buenas migas con la carne y el vino.
El romero, desde montes y laderas, regala su fragancia plena a su amor, la luna llena.
A la albahaca, en las noches de verano, si le hablas, ella acaricia y besa tu mano.
El tomillo guarda en su corazón la llamada salvaje de la montaña y todas las fragancias que al alba la acompañan.
...
Eulalia preparaba confituras de toda clase. Riquísimas, sabrosísimas confituras que hacían las delicias de sus familiares, amigos, vecinos y de aquellas personas que compraron, gustosas, sus mermeladas.
Murió cuando sus dedos ya no pudieron asir el cuchillo para trocear las naranjas ni su mano remover la jalea en la cazuela. Pidió que metieran en su ataúd varias bolsitas con cáscaras de limones, azahar, espliego, tomillo, hierbabuena, romero y menta. Para complacer a los ángeles, decía, cuando estuviera en el más allá.
En su epitafio hay una leyenda que dice...
Aquí mora la que fuera Eulalia Hernández Entrena, que vivió una vida de fortuna habiendo dedicado su saber a alegrar los estómagos de sus seres queridos con las especias y la confitura.
María del Carmen Polo Soler

19 comentarios:
Qué maravilla de relato, a la vez que leo imagino todo ese mundo lleno de colores y sobre todo de olores, me asombra tu documentación del tema.
La verdad es que haces lo complicado tan fácil que incluso das pie a que relea tus textos.
Un abrazo
Gracias, Javier. No es difícil estar documentada cuando una ha pasado mucho tiempo metida en la cocina andaluza, entre abuelas y tías a las que les gustaba cocinar, hacer dulces, comprar especias, y tenían, además, un patio lleno de plantas aromáticas. Como ves, con todo ese bagaje no es difícil organizar un pequeño relato.
Estoy preparando otra entrada sobre los aromas de Al-Andalus. Ese irá en Nómadas y quiero que muestre aquellos perfumes y plantas aromáticas de la época de los árabes. No sé aún cómo lo voy a enfocar, pero no importa, saldrá algo y espero que sea bonito. Me apasiona ese tema. Además, lo voy a ilustrar con fotos hechas con mis cámaras.
Me gustaría que al leerme se pudiera percibir el olor de todas esas plantas, de esas especias. Y su sabor, claro. No sé si lo conseguiré, pero lo voy a intentar.
Un abrazo, y gracias por leerme
Al leerte me daba la sensación de oler a diferentes olores a la vez....y me imaginaba las confituras en los tarros de cristal...con su letrerito... e incluso me olía a pan recien hecho... a veces la imginación vuela tras el relato y se mete tan adentro que se cunfunden...Un abrazo amiga ...Mañana seguiré leyéndote todo lo que tengo atrasado...despues de unos días sin ordenador y de descanso ...Un abrazo amiga
Hola, Ángela. Me encanta el olor de las especias, el perfume que se queda en los dedos al tomar el perejil, la canela, el romero, el azahar... Esos efluvios tienen una gran sensualidad. Estos días no he escrito mucho así que te pondrás al día en seguida :)
Un abrazo,
ummm, casi he podido oler esos aromas y degustar esas confituras. Las personas que cocinan para otros buscando el deleite y la satisfacción de los demás suelen ser personas generosas y buenas. Me ha encantado la historia. Un beso
así es, también damos el amor convertido en algo material, desde luego que sí, el amor es real, no es solo pensamiento
amor
Hola, Murron. Supongo que tú también te has pasado por la carpa que hay al lado del Tomás y Valiente, ¿verdad? Ahí se pueden experimentar todos esos perfumes y muchos otros :) Un placer saludarte, maja.
Buenos días, Amor. Es cierto, también se puede dar cariño y amor a través de los aromas, los guisos, las especias...
Buen días para todos :)
¡Hola Mari Carmen!, estupendo relato y maravilloso homenaje a las “tías Eulalias”, a esas cocineras andaluzas que sabía macerar, mezclar, aliñar, y todo ello sin apuntes, sin rectas escritas, siempre de cabeza, con sabiduría, con soltura realizaban sus manjares.
Nos has introducido en esas maravillosas cocinas, sencillas, pobres, alegres, olorosas, sabrosas de nuestras abuelas.
Si algún día escribiéramos un libro de cocina, no dudaríamos a quien pedir que nos hiciera los honores de escribir el prologo.
Gracias por todo.
Besotes,
Ana y Víctor.
Buen post y muy buenos bodegones, con un relato y unos colores maravillosos. Saludos amiga desde "Panorámica Cazorlense".
Qué relato más bonito! y que recuerdos...quien no ha tenido una "Tia Eulalia" en su vida no sabe lo que se ha perdido!
un saludo
por cierto te he conocido a través de caminar sin gluten
Gracias, Flor, por tu comentario y bienvenida :), pero no puedo acceder a tu blog, y es una pena, aunque si has llegado a través de Victor y Ana, posiblemente te encuentre allí, entre sus links amigos. Gracias y vuelve cuando quieras, aquí o a cualquiera de mis otros dos blogs.
Victor, Ana, muy agradecida por vuestro comentario. Espero que podáis publicar vuestro libro aunque no creo que yo fuera la persona más adecuada para proclamar todo lo estupendos que sois :) Ojalá que sí, que podáis publicarlo, os lo digo de corazón.
Hola Abraham. Gracias por pasar por aquí. Para mi es un placer disfrutar con las hermosas vistas y los comentarios que haces sobre aquella hermosa tierra andaluza.
Abrazos para todos :)
Por supuesto que tu serías la persona más adecuada, de ello estamos totalmente seguros, y te agradecemos mucho que pienses que somos estupendos, ya que eso pensamos nosotros de ti, y de tu magnífica manera de escribir.
Por cierto, la dirección del blog de flor es:
http://cocinarsingluten.blogspot.com
, y lo puedes encontrar siempre enlazado en el nuestro.
Besotes,
Ana y Víctor.
Pues muchas gracias, Victor, Ana. Ya sabéis, dispuesta estoy para escribir lo que haga falta :)
Un abrazo, y gracias por darme la dirección de Flor.
Precioso relato. Por un momento casi podía oler esos aromas y degustar esos sabores. Gracias a ti por escribirlo y a caminar sin gluten por darnos la oportunidad de conocerte.
Un saludo
Muchas gracias, Rosa. Buenvenida y espero que nos sigamos leyendo :) Me alegra haberte conocido. Ya veo que tu blog es pura delicia, muy, muy sabroso :)
Un abrazo
Fascinantes tus relatos, maravillosos cuadros, que tarde te he descubierto pero "nunca es tarde si la dicha es buena"
Gracias, Margarida. Bienvenida y ya sabes que este blog, y los otros dos que tengo están abiertos para ti y para todo el mundo :)
Un abrazo,
Ay ! qué cosa más bella has contado Mari Carmen. Qué placer volver a leerte. He estado muy falta de tiempo, espero ir poniéndome al día. Un gran abrazo
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