sábado 13 de junio de 2009

Le Doux Parfum du Savon de Toilette

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Si nos ponemos a pesar, siempre hay pequeñas cosas, cotidianas, que están a nuestro alrededor y en las que apenas reparamos, que nos hacen felices. Para mi, una de ellas, es el jabón de tocador. Cuando voy a la compra me gusta pasarme por la sección de perfumería y mirar las envolturas de los jabones, olerlos, y comprar alguno que luego se mezclará con mi piel, mientras emite su perfume llenándome de bienestar.



Cuando llego a un hotel, lo primero que miro es el baño porque me encanta ver junto al lavabo un cestito lleno de jabones, geles, champús... La pena es que poco a poco lo están sustituyendo por el gel y el champú de garrafón, que es más barato. Cumple su función de limpieza, sí, pero tiene menos glamour.



Hoy día han proliferado las tiendas de jabones de tocador. Pasas por su puerta, aspiras sus vapores, que huelen a rosas, chocolate, violetas, coco, vainilla... y es difícil controlarse y no entrar a comprar aunque sea un pedacito minúsculo, que no es barato precisamente. Por otro lado es lógico. Quien quiera lujos que los pague, que para andar por casa ya tenemos lotes de tres pastillas a un euro, o muy poco más.



Cuando viajo siempre procuro comprar alguna pastilla de jabón. La primera vez que compré jabón de tocador, del bueno, fue cuando tenía 17 años y fuimos de excursión a Palma de Mallorca, de viaje de fin de curso. Allí, en El Arenal, compré una pastilla de jabón de almendras. Pasó el tiempo y la pastilla seguía intacta. Yo sólo la aspiraba, la acariciaba, y al tenerla en la mano recordaba aquellos maravillosos días recorriendo la isla con mis compañeros y amigas del instituto de Coca. Hasta que un día, muchos años después, decidí que ya era el momento de usarla. Y que si quería otra, o bien me iba de nuevo a Palma, o simplemente buscaba en las perfumerías cercanas.



En Úbeda hay unos jabones hechos con aceite de oliva que son una maravilla. Te dejan la piel como la seda. Y cerca de casa tengo tiendas especializadas en jabones de todo tipo que son una delicia. La semana próxima, que vamos de fin de semana a Teruel, también compraré jabón. Es mi pequeño homenaje a mí misma. Y no digamos cuando vaya a la Provenza, en el mes de agosto.



No puede haber mayor gozo que llegar a esos puestos de carretera franceses, coloristas, alegres, veraniegos, donde hay una variedad tan enorme de jabones que no sabes cuál escoger.

Elegiré lavanda, que me transporta a sus campos teñidos de malva y a las calles limpias de los pueblecitos, con sus puertas adornadas de flores. Y cuando llegue a Marrakech, en noviembre, buscaré los pequeños jabones en los zocos, dulces pastillas que quizá tengan un olor picante de especias, un aroma a esa otra manera de mirar la vida, con su misterio y su aventura.




Mi madre guarda pastillas de Heno de Pravia entre la ropa, en la cómoda, en el armario, y da gusto abrir los cajones. Es maravilloso oler a limpio y percibir el aroma del jabón.

Me gusta el jabón de tocador. Igual que le gusta a la mayoría de las mujeres, quiero creer. No sólo me limpia, sino que me hace sentir feliz.

Es algo que casi no tiene importancia. Cosas pequeñas. Sólo eso, pero que hacen que la existencia sea más hermosa.

María del Carmen Polo

14 comentarios:

Jesús dijo...

Curiosa colección, y muy limpia. Yo compre una pastilla de jabón hace años...pero todavía me dura, parecen eternas.

Annick dijo...

Me das una envidia increible , cuando me cuenta los olores que percibes del jabon , porque justamente perdi el olfato hace casi 40 años ( sin remedio para recuperarlo )y te puede imaginar el disgusto de no poder oler nada ;claro que los malos olores tampoco , pero son menos.Hasta los perfumes me los compra mi hija.
Que disfrutes de todos estas pastillas que huelen tan bien.

Abrazos desde Malaga.

Loli Martinez dijo...

Hola Mari Carmen , tienes mucha razón , los aromas nos trasladan a momentos vividos y sobre todo nos recuerdan a personas que han compartido vivencias con nosotros.
Mi aroma preferido es el coco.
De pequeña coleccioné muestras de jabón y colonia.Gracias por recordarme aquellos momentos.
UN beso .

Javier dijo...

Recuerdo cuando mi madre lo hacía con el aceite que sobraba de cocinar, no era tan glamuroso pero en aquellos tiempos se aprovechaba todo y además también olía de maravilla.

Un abrazo

Caminodelsur dijo...

Mary Carmén, después de muchos días sin visitar venir es un gran placer he disfrutado leyendo tu opinión acerca de los jabones, las carteras, los coristas, el andar en bicicleta los niños desvalidos en fin, tanta variedad de tópicos todos abordados con sencillez, ternura, altura de miras.

Un gran abrazo

Any dijo...

Es cierto, no lo habia pensado, es algo pequeño pero que tiene su encanto. Me encantan los jabones con olor a vainilla y a chocolate. Y mi madre también ponía los jabones finos entre la ropa, creo que lo sigue haciendo. Son cosas en las que uno no repara y sin embargo nos dan felicidad
besos

Luna dijo...

A mi también me vuelven loca. Tengo en los armarios y cajones de rops jabones de olor...
Me parecen pequeñas joyas, pequeños tesoros de perfumes, de formas de colores...
Y sus envoltorios, como si fueran de exquisitos bombones, malvas, verdes, rosas....
Al final, ser felices, es rodearnos de cosas sencillas y aprender a reparar en ellas.
Un bsito, me ha encantado el post.

Anaís Sandiego dijo...

Me trajiste recuerdos de cuando mi mamá compraba, muy de vez en cuando, pastillas de jabón aromático y guardaba el envoltorio entre su ropa para impregnarla del perfume de lavanda... Hasta hoy, el aroma a lavanda siempre me recuerda a mi mamá.

¡Un abrazo y que te vaya súper bien en tus viajes!

Pizarro dijo...

MUCHAS GRACIAS POR VISITAR MI BLOG Y DEJAR TU COMENTARIO,MI AGRADECIMIENTO VOY A SEGUIRTE,SALUDOS ABRAZOS Y BUEN FIN DE SEMANA.

Mari Carmen dijo...

Jesús, vamos a ver... una pastilla de jabón se gasta si se usa, ¿seguro que la estás utilizando? jajaja.

Annick, vaya, nunca había conocido a alguien que no tuviera olfato. Bueno, es triste por un lado, porque hay olores de la tierra, de la primavera, de cualquier estación que son maravillosos. Por otro lado, seamos positivas y pensemos que te ahorras un montón de malos olores. Al menos no lo pasarías mal si tuvieras que ir en el metro, en pleno julio :) Te aseguro que no es nada agradable.

El mío, Loli, es el de la lavanda, pero en general me gustan todos. Ahora estoy usando uno, con aroma a chocolate, que deja la piel maravillosa.

Javier, mi madre también lo hacía. Jabón para lavar la ropa. Aún recuerdo aquellos cuadraditos tan blancos que ella guardaba en una caja :)

Gracias a ti, Camino del Sur, por acercarte por aquí. Es un placer recibirte :)

Any, yo creo que son muchas mujeres las que siguen colocando jabones y bolsitas de lavanda entre la ropa. También lo hacían nuestras abuelas, ¿verdad? Sólo seguimos una tradición que aporta bienestar.

Luna, a mi es que hasta me da penita abrir los envoltorios. Quizá por eso tardé tanto en usar aquel jabón que compré en Palma de Mallorca :)

Gracias, Anaís, ya os iré contando sobre mis viajes y sobre las cositas que me compre por allí.

Pizarro, bienvenido. Tu blog de fotos lo miro a menudo. Ahora lo haré con más asiduidad.

Abrazos a todos.

Teresa dijo...

Tambien tome de mi madre la constumbre de poner pastillas de jabon en los cajones de la ropa , el delicado aroma que deja en la ropa es como una caricia .

Un beso

Natàlia Senmartí Tarragó dijo...

Mari Carmen, somos uña y carne, en los hoteles de aquí y de lejooos, me tiro en plancha para oler, tocar, mirar la forma, de los jabones.
Uno bueno, el de aceite de oliva de Ubeda, exquisito, el de Istambul, bueeeno. De rosas, de canela, de sánadalo, de laurel...Que no perdamos los sentidos, placer de la vida, sencillo, sensual, exquisito.
Annick, no te martirices, tócalos a los jabones, míratelos, son bellos y suaves, se adivina el olor.

Abrazos y besos desde la montañosa Andorra !qué envidia me daís los de playa! !Salves, natalí

pro_magicalonso dijo...

La verdad que tienen su aquel y cuando uno pasa por delante de una tienda el olor es increible. Aunque nunca los compro, yo me voy a lo más cómodo y siempre compro líquido. Un abrazo

Josefa dijo...

Yo tambien tengo pastillas de jabon en los armarios. Siempre que entro en tu blog me trae recuerdos de mi infancia y juventud.
Un beso querida amiga.