viernes, 19 de agosto de 2016

Refrescante, como un helado de vainilla y chocolate

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Llevo dos días aquí, tras mis pequeñas vacaciones en Estocolmo, y ya la estoy echando de menos. Madrid es un horno. Estocolmo, sin embargo, es refrescante como un helado. Ventajas de estar tan al norte aunque la luz que ellos tienen no es la que tenemos nosotros. Pensaba, pues, que los del sur nos íbamos al norte, huyendo del calor, y ellos vienen al sur precisamente buscando el sol.

Hacía años que no iba a Estocolmo. La ciudad está tan hermosa como la recordaba, aunque ahora hay más inmigrantes y más mendicidad.  

Abrir las cortinas de la habitación del hotel, al despertar, y ver Gamla Stan, no tiene precio. Es lo que yo pude hacer cada mañana, desde mi habitación en el hotel Radisson Blue Waterfront Stockholm. Me quedaba absorta mirando el trajín de los barcos, las bicicletas, la gente, yendo y viniendo junto al Ayuntamiento (donde se entregan los premios Nobel), sobre los puentes que unen las islas... y era  una sensación vivificante, alegre.  

He podido pasear horas y horas por la ciudad, a veces, la mayoría, con el anorak puesto. Soy friolera y la temperatura allí no solía pasar de 20 grados. El viento que casi siempre soplaba hacía que la sensación de fresco fuera mayor. 

Un día lo dedicamos a pasear por Skansen, ese magnífico parque donde encontramos, nada más entrar, un espectáculo de flamenco. Quién nos iba a decir que tendríamos bailaoras flamencas y guitarras españolas tan lejos de casa. También hay, además de casas y construcciones de los suecos de otros tiempos, animales que en el sur europeo no podemos tener, como los alces o renos. También pude ver linces, lobos, hurones, osos y pavos reales, entre otros animales que son más comunes en los países del sur. 

Otro día lo pasamos en una isla, a veinte minutos de Estocolmo. hay muchas islas para disfrute de las familias, de los niños, y son una delicia, con tanto verde y con el mar siempre a nuestro alrededor.  

Muchas tiendas, muchos edificios preciosos, mucho ajetreo por todos lados, muchos españoles en Estocolmo, que pareciera que los del sur vamos al norte huyendo del calor y ellos, sin embargo, vienen al sur buscando el sol que tanto escasea por allá. 
 
Radisson Blue Waterfront Stockholm


Nuestro hotel era otro remanso de paz. Habitaciones completamente insonorizadas, amplias, limpias, luminosas, con muchos detalles que hacen agradable la estancia, y un buffet desayuno magnífico. Me encantaba bajar a desayunar. Cuando en la información sobre el hotel indicaban 'hablamos tu idioma', realmente era así, porque había camareras y camareros que hablaban todos los idiomas. Particularmente, conocimos a una mujer estupenda, de Isla de Pascua, llamada Tiare, que era un encanto. Me hizo ilusión conocer a alguien de Isla de Pascua, pues había leído mucho sobre ella. Tiare nos contó muchas cosas sobre su isla, perteneciente a Chile, y nos hizo, cada mañana, el desayuno mucho más ameno. Era además, una mujer con un montón de idiomas en su haber: maorí (isla de Pascua es de la Polinesia), francés, español, inglés, sueco, portugués y estaba aprendiendo italiano. Una maravilla, ¿verdad?

Volvimos a Madrid con pesar, aunque con ganas de estar en casa, claro. Barajas nos recibió con calor, mientras que Arlanda nos había despedido lloviznando. 

Sólo puedo dar las gracias a mi esposo, por ese viaje-regalo de cumpleaños, y a Suecia por toda su gente amable y tan bien educada. A sus ciudades, por su belleza, a su naturaleza, por su exuberancia. A sus buenas temperaturas, en verano.

No sé si volveré a Estocolmo en el futuro, posiblemente no ya que es la segunda vez que visitamos esta ciudad y la cuarta que volamos a Suecia, pero por soñar, una podría soñar que tiene una casita de madera roja en una isla, no lejos de Estocolmo, y que en cuanto llega primeros de julio, se marcha allí y no regresa hasta finales de septiembre. Sería delicioso, como un helado de vainilla y chocolate.



 

2 comentarios:

  1. Estupendo, Mª Carmen. Suecia, y los países nórdicos en general, es uno de los deseos que tengo para conocer; a ver si en los próximos años hay ocasión...

    Mi sobrina estuvo hará como dos años, y recuerdo que me dijo: "Tito, este es el sitio ideal para venirnos a vivir...". En fin, no sé yo si tanto frío puede ser bueno, pero ahí está.

    Besos, amiga.

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  2. Para pasar los veranos, sin dudarlo, Carlos. Suecia es una maravilla en verano. Eso sí, el invierno... para ellos :)

    A ver si ya va remitiendo el calor este que tenemos y podemos disfrutar de algo de más fresco.

    ¡Buen comienzo de semana!

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