jueves, 10 de noviembre de 2016

La tristeza de los pueblos abandonados

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Tantos pueblos vacíos, sus calles cubiertas de maleza... Es una pena, pero no parece haber verdaderas ganas de ponerle remedio a esa situación. Y mientras nuestros campos y sus villas se dejan de lado, las ciudades engordan como monstruos haciendo que añoremos, cada vez más, la armonía con la naturaleza. Qué ironía...

¿Es que no hay gente con visión de futuro que logre equilibrar las fuerzas, evitando que la tierra quede desamparada y que los pueblos puedan continuar habitados, y no sólo por fantasmas y por pequeñas alimañas precisamente?



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Algunos días una neblina lechosa cubría toda la plazuela, la vieja olma, los bancos desvencijados, la fuente o el camino que llevaba hasta la ermita. Se acurrucaba sobre la paja seca amontonada junto a los muros derribados, hierba que esperaba paciente a ser puesta a resguardo de unas tormentas que sacudían el pueblo y sus alrededores, una tarde sí y otra también. 

El agua de la pileta, que antaño había servido para abrevar a las bestias y saciar a los hombres, hoy sólo servía para que los pajarillos refrescaran sus plumas y algún perro sarnoso calmara su sed. 

Algunas hojas se movían en su superficie, tristes barquitas ajadas sin velas ni timón, que no llegarían a puerto alguno, mientras nubes de algodón se miraban en aquel espejo de agua con cierta coquetería, antes de seguir su camino hacia las cumbres peladas de los montes del mediodía. 

El pueblo, que un día fuera ruidoso, había ido quedando desierto con el paso de los años. Labradores, ancianos ya, aún se afanaban por taponar las heridas sangrantes de una villa que tiempo atrás estuviera preñada de risas, de fiestas, de campanas al vuelo, de historias, de anhelos... 

Vano intento, porque en las cocinas de las viejas casonas apenas si ardía ya algún leño, y en los corrales no balaban las ovejas ni los gallos cantaban al amanecer, afanosos y contentos. 

Poco a poco, el pueblo, aletargado, mudo, olvidado, iba muriendo de soledad bajo la niebla, los vientos, el frío y las crudas nevadas del invierno... 

Mari Carmen

4 comentarios:

  1. veo muchos pueblos que lo unico que poseen el silencio....y se podian pobkar con familias ....que pueden llenarlos de risas y voces y labrando sus tierras.pueden tener su futuro y que triste es verlos dormidos.....

    me encanta tu relato y tus fotos...

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  2. Así es, Teresa. Las tierras y los pueblos se abandonan por el sueño de la gran ciudad. Y lo cierto es que tenemos pueblos preciosos, diseminados por toda la geografía española. Una pena que se destruya tanta historia.

    Gracias, guapa. Buen jueves :)

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  3. Bonjour Mari,

    Oui beaucoup de villages sont délaissés pour beaucoup de raison, les jeunes partent et les vieux restent jusqu'à la fin, un peu triste quand même car il suffirait parfois de pas grand chose pour redonner un peu de vie. Passe une bonne journée et un bon WE. Je t'embrasse.
    Jean-François. www.jfbaphotographie.com

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  4. Tu as raison, Jean-François. La campagne c'est magnifique, les villages sont très jolis, la vie là-bas est très douce, et je ne comprends pas pourquoi peu à peu ils restent si seuls. Bon, je comprends bien pourquoi, mais c'est triste quand même.

    Passe une bonne journée, Jean-François. Ici, nous avons un beau soleil et pas de froid. C'est un temps bizarre! :)

    Bisous

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