viernes, 16 de diciembre de 2016

De compras por Xanadú

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El desayuno, en un lugar tan cosy como el que se ve en la foto. 
¿A que dan ganas de quedarse todo el día? 
Las fotos son de móvil, así que milagros... no.


Días previos a la Navidad, con lluvia, y con una lista de compras pendiente, ¿qué es lo que hay que hacer? Una de dos, o pasas de todo y todos y que le dén a las fiestas (cosa bastante imposible porque estás rodeado) o te vas a un centro comercial y te pasas la mayor parte del día por allá.



Justo lo que he hecho hoy. Afortunadamente, Xanadú no estaba en absoluto repleto de gente de modo que ir de un lado a otro y comprar se podía hacer bastante cómodamente.



A mí me encantan las decoraciones navideñas - eso me recuerda que aún tengo que terminar de adornar mi casa. Siempre que veo el espumillón, unas bolitas doradas o letras pintadas de purpurina vuelvo a ser aquella chiquilla de doce años que, en Chipiona, miraba embelesada los escaparates de algunas tiendas, los cuales apenas contaban con media docena de bolas de cristal coloreado, pero que a mí me parecían ventanas llenas de magia y de luz.



Nada que ver aquellos humildes adornos con el derroche de luces (y de muchas más cosas) que tenemos hoy día en cualquier ciudad. Podría ponerme estupenda y decir que todo es un tremendo desenfreno (que lo es, todo, todo, lo sé), pero miren, es que me cabrea muchísimo la mediocridad de tantos que dicen que velan por nosotros mientras se nos ríen en la cara, la barbarie que no cesa en tantos lugares del planeta, este mundo enfangado al que unos pocos le sacan tanto rédito. 

Por eso, porque no puedo cargar yo sola con el malestar de este mundo tan desprotegido por culpa de nosotros mismos, es por lo que me hace feliz poder salir a la calle, ver el brillo de las bombillas, elegir algunos detalles para mis familiares y amigos, y disfrutar mientras se pueda, porque la vida es corta aunque queramos creer que nuestro camino es muy largo, que somos eternos. 

Mari Carmen

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