miércoles, 14 de diciembre de 2016

Negro horizonte

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Se derramó la oscuridad sobre los tejados y no quedó una sola estrella en el cielo para consolar al mundo. Los sueños, desolados, extendían sus alas y escapaban por las ventanas como bandadas de pájaros asustados. 

Susurros, sonidos confusos, se escuchaban en los sótanos más tenebrosos; palabras que emprendían su huída desbocada arrastrándose por escaleras polvorientas hasta alcanzar puertas podridas de angustia y abandono, mutiladas. Junto a ellas, la débil luz de las farolas temblaban, ateridas, bajo la helada. Las ramas de los árboles, ennegrecidas de duro invierno, yacían envueltas en un sudario de brillante escarcha. La noche se desangraba poco a poco mientras a dentelladas se iba abriendo paso, sobre el negro horizonte, la madrugada.

Mari Carmen

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