martes, 3 de enero de 2017

El árbol de la esquina





Al principio, ni cuenta me di. Fue necesario que cruzara un semáforo y sortear unas cuantas cacas de perro, cuando empecé a sentir la molesta sensación de que me faltaba algo. Sí, me faltaba algo, pero no sabía qué era, ¿no les ha pasado alguna vez?

Hice repaso mental de lo que llevaba entre las manos, en el interior del bolso, pero no, todo estaba bien. 

¿Qué era? ¿Qué era? 

Y entonces dejé de caminar, me di la vuelta, miré hacia atrás, y comprendí qué era lo que faltaba. Comenzaba a disiparse la niebla y yo iba sumida en mis proyectos, fue por eso, creo, que al salir de casa y pasar por la esquina no me percaté de que había desaparecido el árbol.

El árbol.

El viejo castaño. Habían cortado el viejo castaño. No sé de quién habría partido la feliz idea. Seguro que de algún iluminado del Ayuntamiento, al que se le llenará la boca con las palabras “medio ambiente, naturaleza y calidad de vida”, mientras le hacen la foto y pide el voto para su partido, faltaría más, pero que en realidad maldita la gracia que le hace que se proteja ese medio ambiente con el se llena la boca, que tiene narices, con la de adosados que nos saldrían en este terrenito, y lo bien que le vendría a mi cuenta corriente que aumentara unos cuentos ceros, y resulta que los cochambrosos de los Verdes me ponen a parir total porque haya insinuado que para qué coño queremos un bosque de pinos al lado de la autovía si para eso ya tenemos la sierra que tiene tantos y tan variados, ¿verdad? 

Sí, me lo imaginaba muy bien. Y la indignación me apretaba la garganta. Lo habían cortado, cercenado, destruido, porque estorbaba. Creo que quieren ampliar algunas aceras, porque estoy viendo movimiento de maquinaria últimamente dando el coñazo, y claro, mi castaño, estaba en el lugar equivocado, ocupando un sitio que necesitan. Y es que, ¿saben?, ese castaño era una monada de castaño. Cada día, me gustaba pasar mis dedos por su tronco y dedicarle unas palabras. No sé cuánto tiempo llevaría allí, sólo sé que cuando yo me mudé al barrio él ya debía llevar muchos años oteando el horizonte, un horizonte sin gracia alguna, esa es la verdad, hecho de ladrillos y hormigón.

Cuando yo llegué a esa calle, el castaño comenzaba a lucir sus mejores galas primaverales. Creo que nos caímos bien en seguida. Yo diría que fue un amor a primera vista. Tenía un dibujo grabado en su corteza. Alguna mano tierna, de adolescencia recién estrenada, había tallado pacientemente un "Bibi x Juanmi, forever", bien apretadito dentro de un corazón. Yo sonreía al verlo, pensando cuán cortos suelen ser esos “forever” de todas las Bibis y de todos los Juanmis de cualquier sitio. Tatuajes, palabras un día ilusionadas y ahora descafeinadas que han sobrevivido a la cruda realidad, porque Bibi, que con seguridad es guapa, lista, avispada, ha conocido a Jorge, que está como un tren y además tiene coche o moto, y dejará al soso de Juanmi más tirado que una bolsa de basura en su contenedor correspondiente.

Y he seguido caminando, pensando en ese árbol. En lo raro que se me hará, de ahora en adelante, no pasar bajo sus ramas, bajo su sombra. Asomarme a la ventana y no ver a los gorriones que, al oscurecer, buscaban refugio entre sus ramas. Ya no volverán a abrirse sus yemas en marzo, ni sus hojas moribundas, amarillas, caerán en noviembre. Los muy idiotas me han quitado el árbol.

Después, abriendo la correspondencia, pegada en la solapa de una tarjeta, mira tú qué detalle, he encontrado un sobrecito blanco, tres pinos verdes pintados en ambas caras, y en su interior semillas de eso, de pino. La etiqueta dice que se pueden plantar entre diciembre y marzo.

Vaya, he pensando, me han quitado el árbol, pero la casualidad, o un ángel bueno, pone en mis manos la oportunidad de generar uno nuevo, o dos, o tres. No es que se me haya pasado el cabreo pero, ciertamente, me ha ayudado mucho.





Mari Carmen

4 comentarios:

  1. Pobre árbol.Aquí cerca, en el parque había un árbol que en una tormenta muy fuerte que hubo, se partió una de sus ramas, y no solo le quitaron la rama, lo cortaron. No sé que clase de árbol era, tendría que buscarlo en internet,pero cuando llegaba la primavera se llenaba de flores amarillas. El caso es que quedó el tronco y volvíeron a crecer unas ramitas, que si no la hubieran cortado una y otra vez, tendríamos otro árbol, pero no lo dejan vivir, los inútiles que trabajan para el ayuntamiento. Una pena.
    Un beso

    Lola

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    1. Pues sí, suele suceder. En fin...

      Un abrazo, preciosa (me gusta la foto que has puesto) :)

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  2. Casi dan ganas de llorar...
    Bueno, de todos los escritos que te conozco del año pasado yo me voy a quedar con dos, todos tienen su cosa, sí; digo que me quedo con dos... "Por sorpresa" y "La canción de los sueños", sobresalientes para mi.
    P.D.: Es curioso lo que hacen los años nuevos con algunas personas..., a algunas nos dejan igual o un poco peor, a otras las rejuvenecen, les trenzan el pelo y les plantan una sonrisa fantástica. ¡Jolipa, qué envidia! (^_^)

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    1. Gracias :) La foto la encontré por ahí y me dije... voy a volver a la niñez, aunque sea a través de una foto con trenzas, y sí, una sonrisa feliz.

      Buenas noches :)

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