lunes, 1 de mayo de 2017

Excursión a Manzanares el Real y La Pedriza

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Comenzamos mayo y dejamos atrás la lluvia. No mucha, las cosas como son, pero después de tantos días de sequía, ha sido muy bienvenida.  

No hay demasiadas novedades, en estos últimos días:

- Terminé y envié una tarjeta de cumpleaños, pintada con acuarelas, a una princesita que el día 4 cumple dos años. 

- El texto para la revista de la feria de Santaella, está enviado y ya he tenido el acuse de recibo. Cuando llegue septiembre, la recibiré en mi buzón, como en años anteriores.  Será una manera de ponerse al día de lo que ocurre en aquel municipio cordobés.

- Mi foto de las chimeneas alpujarreñas fue elegida, entre otras privilegiadas, en el Reto Semanal 7, del blog del Fotógrafo, de Flickr, y ya he dejado otra más, para el reto número 8, el de esta semana. No siempre siempre van a elegir mi foto, ya lo sé, pero ya llevo 4 que han sido elegidas y eso da mucho ánimo para seguir jugando con la cámara. 

Y hablando de jugar con la cámara, el jueves, 27, nos marchamos con unos amigos a Manzanares el Real, en la sierra madrileña. 




Es un lugar encantador, este pueblo, con su castillo, ya restaurado, el embalse de Santillana y la Pedriza a sus espaldas. Y cigüeñas, muchísimas cigüeñas. En verano tiene que ser maravilloso estar ahí y poder disfrutar de la naturaleza.

Lo primero que hicimos, al llegar al pueblo, fue desayunar. Eso es sagrado. No hay nada como un buen desayuno en buena compañía. Me encanta. Después... recorrimos el camino hasta el castillo. Cigüeñas, amapolas, jaras, y el majestuoso castillo esperando nuestra visita.  
 


El castillo de Manzanares el Real fue construido en el siglo XV por el Duque del Infantado, Diego Hurtado de Mendoza. El castillo fue utilizado por la familia Mendoza durante apenas un siglo y a partir de 1530 fue abandonado. 




El recinto fue deteriorándose con el tiempo y utilizándose como almacén, cuadra e incluso como cine y escuela durante la Guerra Civil. Hoy es Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural.


Elegimos un jueves porque pensamos que los turistas suelen ir en fin de semana. Turistas no había muchos, ciertamente, pero colegios sí, se habían citado por lo menos media docena y no había nada más que chavales, bulliciosos, gritones, por todos lados.



¡Qué paz estar en aquel lugar! Me encanta salir al campo, a la sierra. No imaginaba que hubiera tantas jaras por la zona, y estaban preciosas, todas florecidas. Las había en tonos blancos y rosados. Una verdadera alegría para la vista.


A la Pedriza hacía casi diez años que no volvíamos. Nos adentramos con el coche hasta los aparcamientos. Mientras subíamos hacia allá, me daba la sensación de ir recorriendo la carretera de Navacerrada, tantos pinos por sus laderas que parecía que estábamos en zona de alta montaña. Era un gusto ir viendo tantas jaras en flor, tanta piedra acumulada, a veces formando pilas o columnas que con un mal viento podrían salir rodando colina abajo. Mirarlas, tan enormes, tan al borde de la carreterilla, daba un poco de respeto.





Dejamos atrás el primer aparcamiento, lleno de coches y de autobuses, y seguimos hacia el segundo - en total hay tres aparcamientos. Y allí nos quedamos, casi solos, apenas cinco coches en un espacio amplio, todo para nosotros, sin nadie a la vista. Era la hora de comer así que tomamos nuestros bocadillos y nos sentamos a orillas del Manzanares.



Es maravilloso sentarse a comer sintiendo a los pájaros trinar y al agua correr. Una sensación inolvidable, disponer de un salón tan lujoso a nuestra disposición. 





Tras la comida, tomamos nuestras cámaras y nos entretuvimos haciendo fotos de todo lo que había a nuestro alrededor. A mí me encantan los desenfoques y las cosas pequeñas, así que hice fotos, sobre todo, de líquenes, piedras, ramitas, flores, y del agua.


Mientras nosotros hacíamos fotos, un grupo escolar, niños de unos siete años, aparecieron por la carretera, hablando animadamente con sus profesores, camino del primer aparcamiento. Allí les estaría esperando su autobús, para devolverlos a casa. Un día de campo glorioso para todos, sin duda alguna.

Salir de excursión, aunque sólo sea un día, es algo fantástico para las personas que, como yo, necesitan descubrir, o redescubrir, espacios, nuevos paisajes. Este pequeño viaje a La Pedriza y a Manzanares el Real, fue algo bonito para recordar.

Ahora toca planificar la próxima salida, que espero sea pronto.

¡Buen comienzo de semana!

Mari Carmen
 

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