16 octubre 2021

Comer con los ojos


Mi madre solía decirnos que no tuviéramos el ojo más grande que la tripa, en alusión a poner en el plato más comida de la que fuéramos capaz de tomarnos. 

Tener el ojo más grande que la tripa es algo que suelo ver cuando voy de viaje y toca la hora del desayuno, en el hotel, o en el almuerzo, si es buffet libre. La gente se llena los platos como si no hubiera un mañana, como si hiciera cien años que no comen nada. Algunos incluso hacen bocadillos y se los guardan en el bolso, junto con las manzanas o los plátanos. Y no se llevan el café, sencillamente porque no pueden. 

Yo debo confesar que hasta hace unos años, la comida me daba igual. Bueno, no es que me diera igual, pero tampoco era demasiado tiquismiquis. Comía lo que fuera, siempre que fuera sano y cocinado lo más sencillamente posible. 

Últimamente, he cambiado de manera de ver las comidas. Posiblemente porque cada vez hay más películas y series donde una gran parte de la acción transcurre alrededor de los fogones, de los platos exquisitamente preparados, de las mesas bien puestas, de gente comiendo con deleite, que ahora disfruto tomando un buen almuerzo, probando de esto y de lo de más allá. Y me encanta.  

No sé si han visto El Festín de Babette, esa película que tiene su puesta en escena en el siglo XIX en una remota aldea costera de Dinamarca, dominada por el puritanismo, con dos ancianas hermanas, solteras, que toman a su servicio a una chef francesa, Babette. 

Yo vi esta película hace años, en la tele, y también hace unos días, en Amazon Prime. La atmósfera es fascinante, quizá no para el gusto de todo el mundo, pues las escenas son un poco oscuras y los ropajes y austeridad de las casas contribuye a ese ambiente de penumbra que nos hace recordar siglos pasados, pero la manera es que se desarrolla aquella pequeña sociedad de gente religiosa, que ve amenazas a su modo de vida, con pecados acechando en cada esquina, hace que cuando se produce la cena que prepara Babette veamos escenas divertidas por lo absurdas: estar disfrutando en comunidad de una cena suntuosa y fingir que no les importa, cuando se ve, claramente, que nunca en su vida han estado tan satisfechos, ni han comido y bebido algo tan elaborado y magnífico. 

También algunas de las series coreanas que más me gustan tienen unos primeros planos maravillosos de los platos que se preparan en las cocinas, o que se sirven en los restaurantes. Ver a las personas comiendo, con los ojos, sí, pero también con todo su cuerpo, es sencillamente apetecible, un canto a la vida, tanto como para salir corriendo y pedir una comida estupenda para compartir con la familia o los amigos.

Es lo que hice yo el domingo pasado. Descubrir que en esta ciudad donde vivo hay restaurantes dignos de todas las estrellas del firmamento, fue espectacular. Así que yo quiero recomendar The Black, en Fuenlabrada, donde he comido un pulpo sobre una crema de patatas y ajo negro, y huevo poché, mucho más rico que el del restaurante griego, en Madrid, que era sensacional, donde celebré unos de mis cumpleaños, porque echaba de menos las vacaciones pasadas en Grecia. Pedimos un menú degustación y no dejaron de llegar platos, cada uno mejor que el anterior, durante más de hora y media. 

Ha sido una de las mejores comidas que he tomado en mucho tiempo. Tanto como los comensales de aquella aldea de Jutlandia, que disfrutaron con los manjares que había preparado Babette.

Buen fin de semana.



12 comentarios:

  1. Siempre me ha gustado disfrutar del plato antes de comerlo. La regla de los cinco colores asegura la variedad y el equilibrio nutricional, cosa que tengo en cuenta cada vez que cocino (todos los días!). La Fiesta de Babet es un ejemplo del placer culinario, una maravillosa forma de apreciar el placer del encuentro y de la ceremonia en la que puede transformarse una cena bien dispuesta y ofrecida con amor, que de eso se trata todo en el fondo y en la forma. Un abrazo, Maricarmen. Que sigas bien.

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    1. Hay verdaderas obras de arte que da pena hasta meterles el cuchillo y el tenedor :) Aunque a mí la cocina no me atrae demasiado (cocinar yo, quiero decir) sí que pongo lo mejor de mí cuando lo hago.
      Buen domingo, Mónica y cuídate :)
      Un abrazo

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  2. Yo, para estas cosas, soy un negado... Preparar una comida es como un secreto propio de alquimistas... Que se le va a hacer... Supongo que no tengo paciencia para ello...
    Un abrazo, amiga

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    1. No te apures, yo no tengo un amor grande por la cocina, así que no eres el único. Me da la sensación de que es una pérdida de tiempo, aunque sé que no es así, claro.
      Un abrazo y buen domingo :)

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  3. Comer con los ojos, sí, es tal vez una práctica que muchos hemos realizado años atrás... Ya en edad de canas, las cosas pueden haber cambiado. Y sea la frugalidad, del buen comer, la tónica.

    Larga disertación sobre el comer, tus reflexiones y esa larga comida de hora y media. Más que tomar nota del restaurante señalado me quedo con el hecho de que bastará que te solicite alguna dirección llegado el momento, cuando viaje a Madrid, para comer bien.

    Abrazos.

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    1. Pues no sé si te sería de mucha ayuda porque hace dos años que no voy a comer a Madrid. Ahora estoy empezando a salir y a redescubrir los lugares de nuevo, empezando por Fuenlabrada. Pero si tengo que hablar sobre algunos restaurantes, recuerdo con alegría algunos de El Pardo, porque allí íbamos a comer, nuestro grupo, de Teleco, para celebrar Navidad o a finales de julio, previo a las vacaciones. En uno de esos, precisamente, a final de julio, tuvimos la carambola de tener a Cela al lado de nuestra mesa, ya muy mayor, y lo saludamos incluso.
      En fin, seguro que tú conoces más restaurantes que yo en Madrid :)

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  4. Bonjour Mari,

    Jolie photo, avoir les yeux plus gros que le ventre, expression que l'on utilise encore souvent. Quel beau film aussi, les actrices et les acteurs sont formidables. Passe une bonne journée, bisous.

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    1. Bonjour, Jean-François et merci!
      Oui, tu as raison, ils sont tous excellents :)

      Passe une bonne journée toi aussi!
      Bisous

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  5. Hola preciosa, me encanta lo que has hecho. En casa también se escuchaba la misma expresión, y es verdad que yo tampoco he sido nunca tiquismiqui con la comida, pero disfruto de un buen restaurante como tú y por suerte tengo a mi alrededor varios de ellos. Es una gozada, la verdad. Un beso preciosa y me alegro mucho de que disfrutases y conocieses este lugar. :D

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  6. Interesante relato. Tendré que ir al The Black aunque me pille muy lejos. Salud !!!

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    1. Sí, lo cierto es que te pilla un poquitín lejos y, sinceramente, Fuenlabrada no tiene nada de interesante que te hiciera recalar por aquí. Por eso yo, que no tengo más remedio que vivir aquí, lo disfrutaré a la salud de todos vosotros :)
      Un abrazo.

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